COLUMNA En esta tarde tranquila del primero de abril, mirando una película sobre lugares vírgenes del planeta, pensaba en Malvinas (ya había pensado en los soldados, cuando leí las palabras de San Lucas). Era un momento mágico: millones de aves volando en perfecta sincronía, sinergia de los cardúmenes, la Tierra respirando a corazón abierto. El Planeta es nuestro y nosotros somos el Planeta. Hombres, animales, peces, árboles, ríos, mares, todos somos uno (uno con cada uno).