Querida Edith:
COLUMNA Como muchas niñas novias, esta semana cumplirás el sueño de casarte con el hombre que sentís amar para toda la vida; como muchas mujeres soñas con tener hijas e hijos a quienes prodigar amor y un hogar como el que nunca tuviste, y ser feliz. Nada sería más hermoso que pudieras cumplir tu cuento de "y vivieron felices, comiendo perdices".
Nadie puede impedirte que te cases, haces muy bien en decir que nada va a impedir que te cases, porque sos una mujer autónoma, con facultades mentales plenas y por encima de todo estas enamorada, y las hijas del amor romántico sabemos que nada puede interponerse entre él (el hombre de mi vida) y yo (su mujer para toda la vida), aunque en ese camino se vaya literalmente la vida, cómo le ocurrió a 12 mujeres el último año en Santa Cruz.
Desde que gritaste tu amor por el asesino de tu hermana Johana y toda la comunidad y prensa te persiguió babeando su morbo, he pensado en tu historia y siento que nadie puede impedirte que te cases, aún cuando en ese acto estés firmando tu condena de muerte, porque –sabes - hace muchos años que esta sociedad machista te condenó secuestrando tu vida y la de tu hermana, cómo tantas otras vidas de tantas otras mujeres.
En la aldea truncadense, con madre y padre ausentes, entre luces, noches, cumbia y coronas de fantasías vos y Johana, fueron asimilando los códigos de la sociedad machista – petrolera, donde las mujeres son putas, madres, hermanas o esposas; reinas, diosas, lindas , gordas, pancucas o vacas, y son los machos - que todo resuelven con violencia - quienes definen el lugar, el modo y la propiedad de las mujeres. Victor Orlando Cingaloni, el asesino, tu amado no es más que un prototipo.
El entorno de Johana y tuyo, conocía muy bien la violencia y el maltrato que sufría por parte de su pareja, el control que ejercía sobre ella y las amenazas. Víctor creía que la "Casas reina y modelo", le pertenecía, por eso la persiguió, la intimó a volver, se apropió de vos (su gemela) y la asesinó. Víctor Orlando, es de la categoría de los "hombres que no aman a las mujeres", vos misma lo sabes porque te amenazó y abuso de vos muchas veces
. Todavía te acordás del día que te llevo al descampado, muy cerca de donde apareció asesinada tu hermana y te dijo "vas a hacer lo que yo te diga si no la vas a pasar mal " y además te dijo que a partir de ahora serías su novia y accediste a tener relaciones sexuales obligada porque te diste cuenta que sino lo hacías te iba a matar: "acá empezó mi calvario" escribiste entre muchas lágrimas una noche de 2 de agosto de 2010.
Victor Orlando, el feminicida, tu amado es un hombre de personalidad dominante, impulsiva y agresiva, (*) y no hay lugar para el amor en una persona con esas cualidades. Este hombre que desde la cárcel y una condena de 13 años prisión dice amarte, cuando fue arrestado lo primero que dijo que las hermanas no tenían relación porque "una hermana había cagado a la otra, supuestamente Edtih había cagado a Johana conmigo". Esa es la realidad, no le importabas, solo quería lastimar.
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Querida Edith, se que esta carta llega tarde, con todo derecho dirás para que me meto, que es tu vida y que te dejemos en paz, pero resulta que tendrás paz mientras Victor este en la cárcel y lo visites una vez por semana; le recuerdes todo lo que estas dispuesta hacer por el amor que se tienen, mientras él no hace nada más que dejar pasar el tiempo. Cada vez menos se recuerda que es un asesino de mujeres (feminicida) y el caso empieza a orbitar en la gemela que se casa con el asesino de su hermana, aunque parezca lo mismo no lo es. La sociedad machista encontró la forma de que se condene a la víctima y eso es lo único que le interesa. Solo quiero que sepas, que cuando necesites una mano acá estaremos, y que mi te deseo una vida en libertad.
(*)Sentencia Victor Orlando Cingaloni, homicidio simple